Son siete continentes que emergen sucesivamente en el curso de ciertos períodos cíclicos, de manera que cada uno de ellos es visto en el mundo terrestre en su período correspondiente. En el simbolismo hindú los siete Dwipas forman un loto cuyo centro es Dios, con respecto al cual están ordenados los pétalos siguiendo las siete regiones del espacio. El budismo conserva esta idea en una práctica antigua de “los siete pasos”; las siete regiones espaciales con los cuatro puntos cardinales, más el cenit y el nadir y el centro mismo. Clemente de Alejandría dice que de Dios (a quien llama “corazón del universo”) salen las extensiones indefinidas que se dirigen, una hacia arriba, otra hacia abajo, ésta a la derecha, aquella a la izquierda, una hacia delante y la otra hacia atrás: dirigiendo su mirada hacia estas seis extensiones como a un número siempre igual, Dios completa el mundo. En El finalizan las fases del tiempo y de El ellas reciben su extensión indefinida. Los primeros seis Dwipas son semejantes a los primeros seis días del Génesis bíblico, siendo el séptimo la vuelta al principio, es decir, al centro. Así, se dice, los Dwipas se manifiestan respectivamente en períodos que sólo Dios sabe. Sí se sabe que cada uno de estos Dwipas tiene uno de los colores del Arco Iris: el séptimo es el blanco, que tal como la región se identifica con el centro. Durante el período de manifestación de cada Dwipa, pareciera que hay una posición distinta de Dios, pero en realidad El es inmutable en sus decisiones, puesto que es el centro y la orientación del mundo terrenal con relación a lo que es cambiado de un ciclo a otro.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
Monday, October 03, 2005
MONT SALVAT /Monte de Salvación.
Es un montículo habitable situado en los bordes lejanos donde ningún mortal se acerca. Se cree erigido en medio de un mar, en cierta región inaccesible y tras la cual sale el sol. Allí se guarda el mítico Grial, que es a la vez una copa y un libro, por el que emprendió su cruzada el rey Arturo, Merlín el mago y los caballeros de la Mesa Redonda, sin que se sepa, en verdad, si lograron tocar el sitio. Se sabe que el Grial es una copa que tiene una inscripción trazada por un ángel (por lo que se dice que también es un libro). La copa que resguarda Montsalvat contiene, originariamente, el Soma Vellico o Haoma Macdeo, es decir la bebida de inmortalidad. Que se sepa, nadie ha bebido de ella o nadie lo ha denunciado, por lo que se cree que nadie aún ha llegado a ver el Monte de la Salvación.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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GIO-DO.
Es una tierra pura que existe en Japón, país en que se sitúa normalmente esta morada en un lugar invisible. Se dice que es tierra santificada defendida por guardianes que la ocultan a miradas profanas, asegurando, sin embargo, ciertas relaciones exteriores. Porque, en efecto, es una tierra invisible, inaccesible, pero sólo para quienes no poseen las cualidades requeridas para entrar allí. Sobre cuáles y cómo adquirir estas cualidades, es cosa de cada cuál. El caso es que quien las posee, entra normalmente a Gio-Do como entra a su propia casa.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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VALLE INDUS.
Es la cuna de una civilización que se tragaron las arenas del desierto mayor de India, en los estados de Rajasthar y Gujurat. Floreció a lo largo del río Saraswvati (actualmente Hakri) que se ha secado hace mucho tiempo. Era éste un pueblo caucasoide del cual descienden las razas europeas. Dos de las ciudades que había en el Valle Indus eran Mohenjarv y Harappa, ambas situadas en el actual Pakistán. Eventualmente un gran cataclismo ecológico ocasionó entonces el resecamiento de la tierra al desviarse todos los ríos que saciaban a Valle Indus, tragándoselo la arena.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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ARYANA VAIJI.
Es una ciudad viva, como un animal, que tiene por misión custodiar el Grial. El doctor Jung decía que el Grial era un arquetipo, una exteriorización de eso que él llama el “Sí-Mismo”, la totalidad de la persona, un punto equidistante entre el Inconsciente y el Consciente. Tradicionalmente, el Grial tiene orígenes desconocidos, así como no sabemos quién construyó Aryana Vaiji. Al Grial se le ha identificado con esa “piedra de la lluvia” que Noé salvara del Diluvio, es el “Talismán” que detiene las aguas desbordadas; también se le identifica con los mongoles llaman “Yedeh” y los árabes “Hajar-al-mater”. Para los arios, que serían los últimos pobladores conocidos de Aryana Vaiji, es “la piedra donde se grabó la ley” de la raza hiperbórea. Investigadores posteriores, siguiendo la ruta del Grial, afirman que Aryana Vaiji no despareció en la Era Glacial que tragó hiperbórea, simplemente es que cambió de lugar: el Grial que se busca en la edad Media es considerado Santo por su transformación de “piedra” en “cáliz”, el que habría recibido la sangre de Jesucristo, al ser herido por el costado por la lanza, en la cruz; es el que buscan los caballeros de la Mesa Redonda, los Templarios y los peregrinos de la Edad Media. Se sostiene que los Cátaros, en su castillo de Montségur, en el sur de Francia, habrían salvaguardado el Santo Grial, que es ocultado en una caverna de los Pirineos en el siglo XIII. Su búsqueda de cientos de años habría tenido fin cuando, en el siglo XX lo encuentran exploradores nacionalsocialista a las órdenes de Hitler, quien, al derrumbarse su imperio del tercer Reich -según afirman varios investigadores, como el escritor húngaro Ladislao Szabó- envía una expedición de submarinos que se dirijan a la Antártida, portando el Grial hasta su único destino posible: Aryana Veiji, que en devenir de la historia humana, finalmente, se ha transportado a sí misma desde los hielos del norte a los hielos del sur, cumpliendo su destino final de unir los dos extremos terrestres.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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LIGURIA.
Era un país de piedras que comprendía toda la parte de la tierra que rodeaba el golfo de León, desde Provenza hasta Cataluña. Ya estaban allí antes del gran cataclismo que citan las crónicas de los antiguo. Por lo tanto, es un país neolítico, que, comúnmente se piensa, no sobrevivieron a la invasión de los celtas. En todo caso, Liguria no desapareció con la Era del Toro. Los ciudadanos de Liguria que describe Juliano, especialmente, son los restos de este país derrotados por los celtas un mediodía de hace 2500 años: el lugar del origen del ámbar. Siguiendo a Juliano, los ligures “no eran todos parecidos y, sin embargo, tenían un elemento de unidad: eran hombres de idéntico lenguaje”. Se conserva una noción muy precisa de un período en el que los ligures ocupaba todo occidente conocido. Dice Juliano: “durante la época de César, ya se recordaba en el mundo grecorromano de tiempos pasados en los que el nombre de “ligures” se había extendido sin límites”. Córcega era suya. Se sabía que habían descendido hasta Sicilia, y se hablaba sin cesar de ellos en España: las aguas del Guadalquivir se nombraban: lago Ligur”. Según Juliano, eran más bien pequeños, aunque muy fuertes, y poseían unos miembros de enorme elasticidad: “la fatiga no abatía jamás al ligur... En fuerza vencían a los grandes hermanos salvajes. Se dice que se les consideraba invencibles caminantes, y, en la marcha y en la carrera, los ligures nunca tuvieron rivales en los países mediterráneos. Fueron los cazadores más hábiles en la modalidad de tiro más delicado y que exige las mayores cualidades físicas: el tiro con honda. Cuando unos pájaros posaban ante un grupo de honderos ligures, cada honda escogía su víctima y no se perdía ningún tiro.” Anotemos que en su descripción del ejército Atlante, Platón concede una gran importancia a los honderos, identificados con ligures, “el pueblo que venía del país de piedra, tan antiguo que las piedras estaban secas”. Juliano escribe que eran hombres “de los más duros trabajos. Unos, durante toda la jornada, inclinados sobre la tierra, partían las piedras de sus roquedales para construir y lograr terrenos de cultivo. Otros, armados de pesadas hachas, cortaban y abatían los grandes árboles de la montaña. Otros cazaban animales salvajes, y los más hábiles, finalmente, subidos en barcas más sencillas que las mismas balsas, se iban a correr por los mares con un desprecio total del peligro y del socorro para buscar en aguas lejanas los peces que sus orillas les negaban."
La principal característica que se ha señalado a los ligures del océano y de las épocas lejanas es la extraordinaria velocidad de su carrera. Los de las orillas del Canal de la Mancha y del mar del Norte provocaron a los comerciantes de Cádiz la impresión de marinos arrojados, que conducían sus barcas de cuero cocido entre las peores tempestades. Este valor y amor a la independencia se unían a un cuidado extraordinario de su suelo natal. Entre todas las naciones de la antigüedad no se encuentra ninguna que fuese menos movida. Ninguna invasión ni expedición de conquista ha surgido de su país. Los ligures no eran una raza conquistadora, lo cual quiere decir que no eran descendientes de un ejército de invasores. En Liguria su pueblo era autóctono y no venidos de otra parte. “No fueron artistas -afirma Juliano-, pero tenían la seguridad del golpe de vista, la precisión del gesto, la tenacidad del esfuerzo físico cuando se trataba de trabajar la materia. En Liguria nada imitaba a los romanos ni a los griegos y su arquitectura no adoptaba los moldes de oriente. Sólo era una interpretación de la antigua tradición nada más concerniente a Liguria misma, que permanece oculta para los extranjeros. Su propio país había hecho a los ligurianos, primero, trabajadores especializados en la talla de la piedra: desde niños podían hacer de la piedra un cuerpo liso como una hoja de vidrio o con un corte afilado como una hoja de metal. Ellos legaron nociones exactas y precisas sobre los grados de resistencia recíproca de las diversas rocas; lo que en efecto, los hacía iniciados en las leyes de la materia.
La naturaleza obedece a unas leyes de las que somos capaces de despejar las apariencias. De ese modo, las sales cristalizan siempre idénticamente. Para cada cuerpo hay una ley de cristalización que se constata sin poderse explicar. Esto forma parte, en cierto modo, de la naturaleza del cuerpo; de su personalidad, podría decirse. Cada cuerpo tiene su cristal; y esos cristales forman unas familias, en número de siete. Por tanto, se puede suponer que todos los cuerpos, hasta los que se llaman amorfos, poseen una organización interna que tiene unas líneas de fuerza cuyo aspecto es geométrico. También se puede suponer que la tierra, considerada como un cuerpo, tenga una personalidad que responde en su formación, a una organización interna con sus “líneas de fuerza”, sus corrientes y sus propiedades que se organizan geométricamente. Desde este punto de vista, la existencia de figuras geométricas que pueden ser sensibles sin ser aparentes, es menos absurda, al poderse desarrollar dichas líneas en espirales o en cualquier otra figura. Del conocimiento ligur se desprenden dos consecuencias: a lo largo de dichas líneas geométricas, la esencia misma de la Tierra sería diferente, y esta diferencia misma podría ser utilizada mediante el conocimiento instintivo o razonado por el hombre, como representa Liguria misma, que es una ciudad -monumento, un medio de utilización de la fuerza de la piedra como ofrenda a la Madre-naturaleza; donde habían aportaciones terrestres (la piedra) y un empleo científico de dichas aportaciones. Así, en Liguria, todo tenía su propio aspecto geométrico, sin que faltara uno solo. Dice Juliano: “habían estudiado la madera con la misma precisión que la piedra valorando la capacidad de resistencia de un poste en la fuerza y dureza de su materia. Ellos enseñaban a construir los grandes pilotajes de las primeras ciudades lacustres...”, basando sus conocimientos en el diálogo constante, que sería el mayor legado de Liguria a occidente, donde, desde entonces, se ha conservado en nuestras costumbres, el que cada tradición de oficio haya tenido tres estados de iniciación, tres grados, que se encuentran en las denominaciones de los tres gremios guardianes de las tradiciones: aprendiz, compañero, maestro. Sin embargo, el rasgo más sobresaliente de Liguria es que ninguna de sus calles tenía nombre alguno, eran pura piedra pulida sin nada que las identificara. Los antiguos se han asombrado, y Juliano con ellos de que estas gentes, que resistieron a los romanos con un encarnizamiento igual o superior al de los hispanos y los galos, que consiguieron más de una vez aplastantes victorias, no hubiesen dejado ningún nombre de algunos de sus jefes, contrariamente al resto del mundo antiguo. Evidentemente, esto es molesto para los historiadores, para quienes, con frecuencia, la historia se reduce a unos nombres... Hay que creer que en Liguria no existía ningún culto a la personalidad; tanto se conocía allí la materia.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
La principal característica que se ha señalado a los ligures del océano y de las épocas lejanas es la extraordinaria velocidad de su carrera. Los de las orillas del Canal de la Mancha y del mar del Norte provocaron a los comerciantes de Cádiz la impresión de marinos arrojados, que conducían sus barcas de cuero cocido entre las peores tempestades. Este valor y amor a la independencia se unían a un cuidado extraordinario de su suelo natal. Entre todas las naciones de la antigüedad no se encuentra ninguna que fuese menos movida. Ninguna invasión ni expedición de conquista ha surgido de su país. Los ligures no eran una raza conquistadora, lo cual quiere decir que no eran descendientes de un ejército de invasores. En Liguria su pueblo era autóctono y no venidos de otra parte. “No fueron artistas -afirma Juliano-, pero tenían la seguridad del golpe de vista, la precisión del gesto, la tenacidad del esfuerzo físico cuando se trataba de trabajar la materia. En Liguria nada imitaba a los romanos ni a los griegos y su arquitectura no adoptaba los moldes de oriente. Sólo era una interpretación de la antigua tradición nada más concerniente a Liguria misma, que permanece oculta para los extranjeros. Su propio país había hecho a los ligurianos, primero, trabajadores especializados en la talla de la piedra: desde niños podían hacer de la piedra un cuerpo liso como una hoja de vidrio o con un corte afilado como una hoja de metal. Ellos legaron nociones exactas y precisas sobre los grados de resistencia recíproca de las diversas rocas; lo que en efecto, los hacía iniciados en las leyes de la materia.
La naturaleza obedece a unas leyes de las que somos capaces de despejar las apariencias. De ese modo, las sales cristalizan siempre idénticamente. Para cada cuerpo hay una ley de cristalización que se constata sin poderse explicar. Esto forma parte, en cierto modo, de la naturaleza del cuerpo; de su personalidad, podría decirse. Cada cuerpo tiene su cristal; y esos cristales forman unas familias, en número de siete. Por tanto, se puede suponer que todos los cuerpos, hasta los que se llaman amorfos, poseen una organización interna que tiene unas líneas de fuerza cuyo aspecto es geométrico. También se puede suponer que la tierra, considerada como un cuerpo, tenga una personalidad que responde en su formación, a una organización interna con sus “líneas de fuerza”, sus corrientes y sus propiedades que se organizan geométricamente. Desde este punto de vista, la existencia de figuras geométricas que pueden ser sensibles sin ser aparentes, es menos absurda, al poderse desarrollar dichas líneas en espirales o en cualquier otra figura. Del conocimiento ligur se desprenden dos consecuencias: a lo largo de dichas líneas geométricas, la esencia misma de la Tierra sería diferente, y esta diferencia misma podría ser utilizada mediante el conocimiento instintivo o razonado por el hombre, como representa Liguria misma, que es una ciudad -monumento, un medio de utilización de la fuerza de la piedra como ofrenda a la Madre-naturaleza; donde habían aportaciones terrestres (la piedra) y un empleo científico de dichas aportaciones. Así, en Liguria, todo tenía su propio aspecto geométrico, sin que faltara uno solo. Dice Juliano: “habían estudiado la madera con la misma precisión que la piedra valorando la capacidad de resistencia de un poste en la fuerza y dureza de su materia. Ellos enseñaban a construir los grandes pilotajes de las primeras ciudades lacustres...”, basando sus conocimientos en el diálogo constante, que sería el mayor legado de Liguria a occidente, donde, desde entonces, se ha conservado en nuestras costumbres, el que cada tradición de oficio haya tenido tres estados de iniciación, tres grados, que se encuentran en las denominaciones de los tres gremios guardianes de las tradiciones: aprendiz, compañero, maestro. Sin embargo, el rasgo más sobresaliente de Liguria es que ninguna de sus calles tenía nombre alguno, eran pura piedra pulida sin nada que las identificara. Los antiguos se han asombrado, y Juliano con ellos de que estas gentes, que resistieron a los romanos con un encarnizamiento igual o superior al de los hispanos y los galos, que consiguieron más de una vez aplastantes victorias, no hubiesen dejado ningún nombre de algunos de sus jefes, contrariamente al resto del mundo antiguo. Evidentemente, esto es molesto para los historiadores, para quienes, con frecuencia, la historia se reduce a unos nombres... Hay que creer que en Liguria no existía ningún culto a la personalidad; tanto se conocía allí la materia.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
ORIONDA LA GRANDE.
Según una descripción que hace el legendario Preste Juan, esta sería "la más hermosa ciudad del mundo protegida por uno de nuestros reyes y que recibe el tributo del gran rey de Israel". Durante la Edad media, cuando los reyes cristianos de la época estaban en guerras desencadenadas para contrarestar el poderío musulmán y recuperar los santos lugares de Palestina, se anuncia en Europa la aparición de este Preste Juan, un aparente rey y sacerdote procedente de este hermoso lugar llamado Orionda, ubicado en algún "sitio interior de la Tierra". El hecho confirmado por un mensaje manuscrito dirigido al Papa Alejandro III, está firmado por quien se dice descendiente de Melquisedec, "el todopoderoso de todos los reyes de la Tierra".
Orionda sería otro nombre para la capital del mítico Reino Interior, oculto a los ojos mortales. Se ha dicho que una entrada a esta ciudad sería a través del gran remolino llamado Maelstrom. El cartógrafo Gerardo Mercator ubica este legendario abismo como un lugar geográfico en el punto en que se juntan las corrientes de los cuatro océanos. El científico místico del siglo XVII Athanasius Kincher, afirmaba que se entraba a Orionda la Grande por el punto en que descendían todas las aguas, que volvían a la superficie en el Golfo de Bothnia, al extremo Norte del mar Báltico, entre Suecia y Finlandia. Se sabe que muchos han ido pero no se conoce alguno que haya regresado de Orionda.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
Orionda sería otro nombre para la capital del mítico Reino Interior, oculto a los ojos mortales. Se ha dicho que una entrada a esta ciudad sería a través del gran remolino llamado Maelstrom. El cartógrafo Gerardo Mercator ubica este legendario abismo como un lugar geográfico en el punto en que se juntan las corrientes de los cuatro océanos. El científico místico del siglo XVII Athanasius Kincher, afirmaba que se entraba a Orionda la Grande por el punto en que descendían todas las aguas, que volvían a la superficie en el Golfo de Bothnia, al extremo Norte del mar Báltico, entre Suecia y Finlandia. Se sabe que muchos han ido pero no se conoce alguno que haya regresado de Orionda.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
AZTLAN.
Es la tierra del medio de las aguas, se sabe que su signo ideográfico es la garza, que simboliza el que guía el alma de los muertos hacia el sagrado lugar que preserva el origen de los aztecas. En tiempos muy remotos, y difíciles de determinar, los antiguos mexicanos emprendieron una larga marcha desde su sitio de origen, Aztlán, en búsqueda de una tierra que reconocerían cuando vieran al águila devorando una serpiente, la que encontraron sobre un nopal en medio de una laguna. Y allí mismo erigieron el primer templo del Imperio Azteca, que dominó y ejerció su influencia por mucha tierra desde su punto hacia los cuatro puntos cardinales. En Aztlán se origina el nombre “Azteca” , y se preserva como sonido sagrado, considerándose que designa a un sitio polar en su origen, posiblemente relacionado con el centro espiritual colapsado de la tradición Atlante. Aztlán tiene por símbolo una montaña blanca que está rodeada por un cinturón verde situado en medio del cruce de todas las aguas.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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ISLA MOCHA.
Isla de los mares del sur que está a la altura de la provincia chilena de Arauco, que cumple un papel muy importante en la mitología de los Araucanos. En esta isla sitúan el final del último viaje de la humanidad. Unas mujeres ancianas que tienen forma de ballena, nombradas Trempulcahue, consideradas almas de sus antepasados, quienes, a la caída del Sol, cobran el precio del viaje al país de las tinieblas. El sitio donde esto ocurre lo llaman Ngullchemaihue, o sea "lugar occidental para la reunión de la gente". La Isla Mocha fue descubierta por Juan Bautista Pastene en 1544 y siempre conservó sus características de zona de misterio. Anteriormente la llamaban Gueuli, y la habitaban unos 1.000 araucanos que después se establecieron en la zona del río Bío-Bío.
A la Isla Mocha se la identifica también como reflejo del sitio de Cullchenmaihue, nombre que dan a un lugar que suponen indefinido, donde, según las creencias, allí se congregaban las almas para descansar al dejar la vida, muchas de ellas acompañadas por sus perros, caballos y otros animales favoritos. La isla Mocha es también el lugar en que hacen sus reuniones los Pillanes; Pillán es el nombre genérico para designar a los dioses Araucanos, de los que ubicaban como su morada el interior de los volcanes en actividad.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
A la Isla Mocha se la identifica también como reflejo del sitio de Cullchenmaihue, nombre que dan a un lugar que suponen indefinido, donde, según las creencias, allí se congregaban las almas para descansar al dejar la vida, muchas de ellas acompañadas por sus perros, caballos y otros animales favoritos. La isla Mocha es también el lugar en que hacen sus reuniones los Pillanes; Pillán es el nombre genérico para designar a los dioses Araucanos, de los que ubicaban como su morada el interior de los volcanes en actividad.
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ISLA VAYALAMUSH.
Las comunidades descendientes de los naturales primitivos del Sur de Chile, cuyo pasado se pierde en el tiempo, conservan una tradición que narra que cierta vez la Primera Luna se cayó al mar hundiéndose en sus aguas y motivando un oleaje inusual de efectos devastadores y de furia incontenible. El fenómeno barrió con todo lo existente en el suelo habitado y se hundieron los cerros sucumbiendo casi todos los seres vivientes, logrando salvarse solamente aquellos que lograron refugiarse a tiempo en la isla Vayalamush en aquellos tiempos, hoy isla Gable. Especialmente se salvaron las especies animales que pasado el peligro se diseminarían por la Isla Grande de Chiloé para poblar sus cerros y sus bosques. Nuestra informante Doña Eulogia Sánchez Viuda de Pérez, vecina de la zona como lo fueron sus mayores, dice que "cuando los que construyeron la Segunda Luna y la pusieron el el cielo, cuando avanzó iluminando sus dominios oscuros, fueron apareciendo los Onas, Alacalufes y Yámanas o Yaganes, que hasta entonces habían permanecido ocultos en la más profunda de las islas del Sur: Vayalamush".
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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ISLAS AZULES.
Señaladas como Antilia y Satanases en los mapas anteriores al descubrimiento de América. Brotan de la imaginación de las gentes de Lisboa, cuando los viajes de descubrimiento flotaban en el espíritu de los prtugueses, y con permiso real salían mar afuera soñando con el gobierno de una isla desconocida en el Atlántico. El clima en los ambientes marineros estaba saturado de noticias fabulosas. Pronto, las gentes de Lisboa, Las Canarias, Proto Santo y las Azores de más fuera creían avistar brumosas islas azules en el horizonre occidental. Tales islas encantadas, que aparecían y se desvanecían antes de que nadie pudiera alcanzarlas, no tardaron en ser fuente de inspiración para los primeros europeos que se adentraron en al mar, siendo uno de los que siguió la leyenda el mismo Cristóbal Colón, quien llegando a Lisboa en 1476 escribe en su "Diario" haber escuchado "de labios de marineros narraciones de estas islas fugaces; de cuerpos arrastrados a las costas pertenecientes a gentes de distinta raza; de enormes troncos de árbol de especies desconocidas llegados a las playas de las Azores durante temporales del Oeste, y de piezas de madera grabadas con formas extrañas".
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TIERRA SIN MAL DEL PUEBLO TI-MACA
Este es el testimonio de Basilio Soria, natural del asentamiento indígena Yacuí, ubicado a 18 kilómetros de la ciudad de Tartagal, en la provincia de Salta, Argentina:
"Yo me llamo Basilio Soria, tengo 29 años y soy indio chiriguano. Mi abuelo fue cacique y yo también lo soy. Aunque eso no da poder sobre nada, nuestra gente elige jefe porque alguien tiene que hablar con el blanco, también por considerarlo capaz de defender los intereses de la comunidad. Otra cosa: en realidad, "chiriguanos" nos han puesto los coyas, los bolivianos, y quiere decir "estiércol frío". Usted sabe que nuestro pueblo ha sido de grandes guerreros, eran gente que iba hasta la sierra y peleaba y volvía a pelear, y en la selva eran invencibles. Por guerreros nos han puesto ese mote, ese nombre feo. Nosotros somos el pueblo Ti-Maca, que quiere decir "canilla" o "piedra andadora". Pero los antropólogos han aceptado eso como verdad y nos han dejado sin nombre. Siempre nos han sacado cosas y hasta nos han dejado sin nuestro propio nombre. Duele mucho eso de tener que llamarse a uno mismo "estiércol frío". Pero así son las cosas...
"El origen de la vida es que aparece el hombre en el río. Un río grande donde hay mucho pez. Digamos que el pescado, el "pa", que es varón y es mujer, va dentro del mar, muy lejos y una vez vuelve y desova y de ahí sale el hombre y sale la mujer: ése es el nacimiento. Eso ocurrió al principio del tiempo del hombre y por miles de años nuestra gente anduvo caminando la selva en busca de la "Tierra sin Mal", y dicen los antiguos que en esa tierra no existe la muerte y al entrar escapa todo el mal del cuerpo. Por eso cuando uno es de Ti-Maca y siente el deseo de caminar, de andar por la selva, todos saben que va en busca de la Tierra sin Mal..."
© Waldemar Verdugo Fuentes.
"Yo me llamo Basilio Soria, tengo 29 años y soy indio chiriguano. Mi abuelo fue cacique y yo también lo soy. Aunque eso no da poder sobre nada, nuestra gente elige jefe porque alguien tiene que hablar con el blanco, también por considerarlo capaz de defender los intereses de la comunidad. Otra cosa: en realidad, "chiriguanos" nos han puesto los coyas, los bolivianos, y quiere decir "estiércol frío". Usted sabe que nuestro pueblo ha sido de grandes guerreros, eran gente que iba hasta la sierra y peleaba y volvía a pelear, y en la selva eran invencibles. Por guerreros nos han puesto ese mote, ese nombre feo. Nosotros somos el pueblo Ti-Maca, que quiere decir "canilla" o "piedra andadora". Pero los antropólogos han aceptado eso como verdad y nos han dejado sin nombre. Siempre nos han sacado cosas y hasta nos han dejado sin nuestro propio nombre. Duele mucho eso de tener que llamarse a uno mismo "estiércol frío". Pero así son las cosas...
"El origen de la vida es que aparece el hombre en el río. Un río grande donde hay mucho pez. Digamos que el pescado, el "pa", que es varón y es mujer, va dentro del mar, muy lejos y una vez vuelve y desova y de ahí sale el hombre y sale la mujer: ése es el nacimiento. Eso ocurrió al principio del tiempo del hombre y por miles de años nuestra gente anduvo caminando la selva en busca de la "Tierra sin Mal", y dicen los antiguos que en esa tierra no existe la muerte y al entrar escapa todo el mal del cuerpo. Por eso cuando uno es de Ti-Maca y siente el deseo de caminar, de andar por la selva, todos saben que va en busca de la Tierra sin Mal..."
© Waldemar Verdugo Fuentes.
LA COLONIA DE MADOC.
La leyenda de Madoc, príncipe galés del siglo XII, perduró como historia verídica casi hasta los tiempos modernos; aún hoy algunos creen en ella como algo que sucedió. Según se cuenta, Madoc descubrió América en 1170, más de 300 años antes que Colón, y fundó una colonia, situada por los cronistas en distintos parajes sobre el Atlántico o el Golfo de México cerca del río Mississippi, "el padre de las aguas". Los guerreros descendientes de Madoc prosperaron y se esparcieron por todo el país hasta México. Pero en una batalla que, según se dice, tuvo lugar cerca de la actual ciudad de Louisville, en Kentucky, fueron casi totalmente aniquilados por los naturales de la región. Pero algunos perdurables vestigios (vagas huellas en sendas de la selva, fortificaciones en ruinas, y hasta indios de piel blanca que hablaban galés) se mencionan en las crónicas de norteamericanos tan prominentes como George Rogers Clark y el legendario pionero y explorador Daniel Boone (1735-1820).
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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ISLA BENDITA DE SAN BRANDON.
Mucho del primitivo folklore americano y europeo tiene cierto fundamento remotamente parecido. Esta leyenda floreció en los estrechos confines del mundo europeo hacia el año 600; cuando ignoraban lo que existía más allá del horizonte que limitaba el mar hacia Occidente, y recurría a su imaginación estimulada por antiguos mitos que daban realidad a lo desconocido. San Brandón, un monje irlandés que desapareció en el año 577, es el héroe de muchos relatos medievales. Uno de ellos narra que partió con 12 de sus cófrades en busca de una isla de santos ubicada más allá del mar conocido. Al cabo de un azaroso viaje durante el cual su nave fue acometida por demonios llameantes, Brandón arribó a unas plácidas islas del Atlántico, una de ellas morada ya por 24 monjes. En otra, ángeles caídos volaban como aves gigantescas entre los árboles. Según un historiador del Renacimiento, la isla de San Brandón era el lomo de un gran pez en el cual el monje y sus fatigados hermanos desembarcaron para celebrar la Pascua.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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QUIVIRA.
Al iniciarse formalmente con la Conquista las grandes expediciones, en que el navegante se internaba en un vasto océano que amenazaba siempre con tragárselo, comenzó a buscar también fuerzas en esas leyendas del mundo antiguo que hablaban de que más allá de la furia de los mares encontrarían seres y tesoros incalculables. Es decir, a la llegada de los españoles, la antigua leyenda de un paraje fabuloso de riquezas llamado Quivira, inflamó de inmediato la búsqueda, entre otros, de Coronado que va a buscarla en Kansas, y luego a la Florida, siguiendo en su expedición a través del sudoeste de USA hasta Ciudad de México. Convencido de los embustes del ambicioso explorador Esteban, que decía haber visitado Quivira, Coronado envió rumbo al Norte una expedición encabezada por Fray Marcos, un misionero que había catequizado a los aztecas. Esteban, que marchaba a la vanguardia, fue muerto por los naturales, no sin haber enviado recado de haber visto un magnífico país llamado Cíbola, en el que existían siete ciudades de piedra, ricas en oro y turquesas. Ardiendo de entusiasmo, el mismo Coronado se hizo cargo de la empresa. Su ejército de 336 caballeros y aventureros dirigidos por Fray Marcos, iba ricamente pertrechado con las galas de la nobleza. Las esposas y los esclavos de los intrépidos se unieron a la expedición; Coronado mismo lucía armadura dorada y llevaba 23 cabalgaduras. Pero las modestas aldeas de Nuevo México fue todo cuanto encontró, antes de volver su interés hacia el Este en busca de otra quimera.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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ISLA DE LAS AMAZONAS.
Entre las leyendas del Nuevo Mundo, una muy cautivante es la de esta isla en que viven mujeres solas que para manifestar su cofradía solían amputarse un seno. El propio Hernán Cortés se refirió en sus cartas a una isla exclusivamente poblada de bellísimas mujeres, y ricas en perlas y oro, situada en el Pacífico cerca de la Baja California. Las amazonas acogían a los navegantes en cierta época del año, y los obligaban luego a partir y a llevarse consigo todos los mancebos. No hay registro histórico de alguien que haya llegado nunca a sus riberas, o al menos, nadie regresó jamás de ella.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
VILCABAMBA LA GRANDE.
Desde el siglo XIX exploradores de diversas partes del mundo han admitido la esperanza de hallar este lugar: el sitio donde el Imperio Incásico albergó el oro y su resistencia a los invasores en los Andes del Sur.
En 1536, Manco Inca escapó de la ciudad sagrada de Cusco con un ejército de 50 mil hombres para luchar contra los españoles que, bajo las órdenes de Francisco Pizarro, saquearon la capital del Imperio tres años antes. Los incas huyeron hacia una zona al noroeste del Cusco, donde fundaron Vilcabamba la Grande. Desde allí lucharon contra los españoles por casi 40 años. Finalmente los invasores lograron conquistar la ciudad en 1572, y capturan a su gobernante Túpac Amaru, que es decapitado, pero nunca hallaron el oro. Finalmente Vilcabamba fue quemada por sus moradores y quedó olvidada por el paso del tiempo. A partir del siglo XIX, el sitio se convierte en el "santo grial" de la arqueología de Perú. Se sabe que Hiram Bingham buscaba Vilcabamba cuando descubrió Machu Picchu en 1911. Una búsqueda reciente del último bastión Inca es la realizada por exploradores de National Geographic, que hacen público en marzo de 2002; ellos descubren un sitio que corresponde al complejo arqueológico Corihuaynachina, ubicado en la cima del cerro Victoria de Cusco, a 3.300 metros de altura.
El arqueólogo peruano Alfredo Valencia, que participó en las excavaciones iniciadas en julio de 2001, dijo en el sitio: "-No tenemos ninguna prueba de que este sitio haya sido el último bastión de los incas. Lo que sabemos hasta ahora es que la cultura incaica habitó aquí hasta muy entrada la Colonia. Comprobamos que era una ciudad dedicada a la explotación de plata. Toda su arquitectura está formada por viviendas relacionadas con la explotación minera, incluyendo depósitos y sitios religiosos. En este lugar se tejen muchos mitos acerca de ciudades perdidas, incluso se ha buscado en esta zona la fuente de la eterna juventud así como la mítica Vilcabamba la grande que los españoles buscaron afanosamente. Desde el siglo XIX vienen declarando los exploradores haber encontrado Vilcabamba. Es una creencia muy arraigada; lo cierto es que todos los asentamientos incas en la zona de Vilcabamba han sido confundidas con la última capital perdida: Machu Picchu, Choquequirao, espíritu Pampa y Vistcos fueron identificados como la ciudad donde se refugiaron los últimos Incas. La mayor parte de quienes trabajamos investigando el tema no creemos que haya necesariamente una gran ciudad que sea fácilmente ubicarle, porque existen 20 o 30 asentamientos menores en Vilcabamba, los cuales deben haber constituido la base de la resistencia inca y el depósito de su oro. Creo que eran sitios más bien pequeños, la gente no podía construir grandes urbanizaciones ya que estaban en guerra continua. Son sitios que no tienen la elegancia de Machu Picchu, y no tenía que tener ese sentido, porque Vilcabamba eran edificaciones de tipo militar asociadas a la guerra misma".
En la búsqueda de Vilcabamba la Grande, ahora, en este asentamiento minero encontrado llamado Corihuaynachina se encontraron varias tumbas aún en proceso de excavación, 100 estructuras de ruinas que comprenden viviendas circulares, almacenes agrícolas y una hermosa plataforma de forma piramidal que anuncia el sitio de una estructura oculta aún por la tierra.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
En 1536, Manco Inca escapó de la ciudad sagrada de Cusco con un ejército de 50 mil hombres para luchar contra los españoles que, bajo las órdenes de Francisco Pizarro, saquearon la capital del Imperio tres años antes. Los incas huyeron hacia una zona al noroeste del Cusco, donde fundaron Vilcabamba la Grande. Desde allí lucharon contra los españoles por casi 40 años. Finalmente los invasores lograron conquistar la ciudad en 1572, y capturan a su gobernante Túpac Amaru, que es decapitado, pero nunca hallaron el oro. Finalmente Vilcabamba fue quemada por sus moradores y quedó olvidada por el paso del tiempo. A partir del siglo XIX, el sitio se convierte en el "santo grial" de la arqueología de Perú. Se sabe que Hiram Bingham buscaba Vilcabamba cuando descubrió Machu Picchu en 1911. Una búsqueda reciente del último bastión Inca es la realizada por exploradores de National Geographic, que hacen público en marzo de 2002; ellos descubren un sitio que corresponde al complejo arqueológico Corihuaynachina, ubicado en la cima del cerro Victoria de Cusco, a 3.300 metros de altura.
El arqueólogo peruano Alfredo Valencia, que participó en las excavaciones iniciadas en julio de 2001, dijo en el sitio: "-No tenemos ninguna prueba de que este sitio haya sido el último bastión de los incas. Lo que sabemos hasta ahora es que la cultura incaica habitó aquí hasta muy entrada la Colonia. Comprobamos que era una ciudad dedicada a la explotación de plata. Toda su arquitectura está formada por viviendas relacionadas con la explotación minera, incluyendo depósitos y sitios religiosos. En este lugar se tejen muchos mitos acerca de ciudades perdidas, incluso se ha buscado en esta zona la fuente de la eterna juventud así como la mítica Vilcabamba la grande que los españoles buscaron afanosamente. Desde el siglo XIX vienen declarando los exploradores haber encontrado Vilcabamba. Es una creencia muy arraigada; lo cierto es que todos los asentamientos incas en la zona de Vilcabamba han sido confundidas con la última capital perdida: Machu Picchu, Choquequirao, espíritu Pampa y Vistcos fueron identificados como la ciudad donde se refugiaron los últimos Incas. La mayor parte de quienes trabajamos investigando el tema no creemos que haya necesariamente una gran ciudad que sea fácilmente ubicarle, porque existen 20 o 30 asentamientos menores en Vilcabamba, los cuales deben haber constituido la base de la resistencia inca y el depósito de su oro. Creo que eran sitios más bien pequeños, la gente no podía construir grandes urbanizaciones ya que estaban en guerra continua. Son sitios que no tienen la elegancia de Machu Picchu, y no tenía que tener ese sentido, porque Vilcabamba eran edificaciones de tipo militar asociadas a la guerra misma".
En la búsqueda de Vilcabamba la Grande, ahora, en este asentamiento minero encontrado llamado Corihuaynachina se encontraron varias tumbas aún en proceso de excavación, 100 estructuras de ruinas que comprenden viviendas circulares, almacenes agrícolas y una hermosa plataforma de forma piramidal que anuncia el sitio de una estructura oculta aún por la tierra.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
COATEPETL: LUGAR DE ABUNDANCIA.
Partiendo del mítico Aztlan, lugar lacustre y de abundancia, los antiguos aztecas fueron a establecerse en otro lugar rico, las cuenca de México, habiendo antes pintado en su camino un lugar mítico al que llamaron Coatépec o Coatepetl. El objetivo de la peregrinación mítica de los mexicas era la posesión de un lugar fértil y de pesca abundante donde asentarse, y aparentemente su guía Huitzilopochtli conocía de antemano el lugar donde habría de fundar la magnífica Tenochtitlan, como se desprende de la crónica de Cristóbal del Castillo y de la Crónica Mexica de Tezozómoc. Otras crónicas dicen que se establecerían donde estuviese una águila posada en un nopal desgarrando y comiendo una serpiente. El anuncio del lugar era otro sitio de abundancia que lo anunciaba; en el Códice Ramírez se plasman perfiles del lugar nombrado Coatepetl:
"Puestos allí mandó el ídolo en sueños a los sacerdotes que atajasen el agua de un río muy caudaloso que por allí pasaba, para que aquel agua se derramase por todo aquel llano, y tomase en medio aquel cerro donde estaban; porque les quería mostrar la semejanza de la tierra y sitio que les había prometido. Hecha la presa se extendió y derramó aquella agua por todo aquel llano haciéndose una muy hermosa laguna, la cual cercaron de sauces, álamos, sabinos, etc. Crióse en ella mucha juncia y espadaña... comenzó a tener grande abundancia de pescado y de aves marinas como patos, garzas, gallaretas,de que se cubrió toda aquella laguna de México en abundante cría..."
Por ello, al establecerse los Mexica en el valle de México, en medio de una laguna como había anunciado la mítica Coatépetl, edificaron de inmediato su Templo Mayor, representación simbólica de este sitio mágico, lugar del nacimiento de Huitzilopochtli y de la muerte de Coyolxauhqui, como lo confirma la Crónica Mexica en su capítulo 94: "...con la gente que trajeron de presa de los pueblos, celebraremos el templo que se ha acabado de labrar, que es el Coatépetl."
Unica, sin par, Coyolxauhqui es la diosa señera del Templo Mayor de México; es la diosa de la fertilidad agrícola, del maíz, que muere desmembrada como los granos de la mazorca, cuando es asesinada por intrigar a sus 400 hermanos para que asesinen a su madre Coatlicue por haber quedado sospechosamente embarazada de Huitzilopochtli, quien la acorrala en el mítico Coatépetl y los miembros de la diosa ruedan cercenados hacia abajo. Así, Coatépetl el templo Mayor es un lugar mítico de mantenimientos, donde Huitzilopochtli da maíz a su pueblo, de manera análoga al segador que corta las cañas dando fin a la planta y desprendiendo las mazorcas, como caen a la tierra los miembros cercenados de Coyolxauhqui y los humanos sacrificados en el Templo. Coyolxauhqui decapitada es la diosa que con el sacrificio de su sangre fertiliza la tierra para seguir dando cosechas de maíz a su pueblo, en perenne ciclo de vida-muerte-vida. Así, el inframundo o Mictlan es el lugar natural de donde brota la vida vegetal, y Coyolxauhqui, diosa del maíz será, dentro del pensamiento religioso de los nahuas una diosa de la tierra y también del inframundo. Míticamente, entonces, el lugar de abundancia llamado Coatépetl, así como anuncia la entrada a lo alto también guarda la entrada hacia abajo, el reino interior, el Mictlan que marca el Templo Mayor.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
"Puestos allí mandó el ídolo en sueños a los sacerdotes que atajasen el agua de un río muy caudaloso que por allí pasaba, para que aquel agua se derramase por todo aquel llano, y tomase en medio aquel cerro donde estaban; porque les quería mostrar la semejanza de la tierra y sitio que les había prometido. Hecha la presa se extendió y derramó aquella agua por todo aquel llano haciéndose una muy hermosa laguna, la cual cercaron de sauces, álamos, sabinos, etc. Crióse en ella mucha juncia y espadaña... comenzó a tener grande abundancia de pescado y de aves marinas como patos, garzas, gallaretas,de que se cubrió toda aquella laguna de México en abundante cría..."
Por ello, al establecerse los Mexica en el valle de México, en medio de una laguna como había anunciado la mítica Coatépetl, edificaron de inmediato su Templo Mayor, representación simbólica de este sitio mágico, lugar del nacimiento de Huitzilopochtli y de la muerte de Coyolxauhqui, como lo confirma la Crónica Mexica en su capítulo 94: "...con la gente que trajeron de presa de los pueblos, celebraremos el templo que se ha acabado de labrar, que es el Coatépetl."
Unica, sin par, Coyolxauhqui es la diosa señera del Templo Mayor de México; es la diosa de la fertilidad agrícola, del maíz, que muere desmembrada como los granos de la mazorca, cuando es asesinada por intrigar a sus 400 hermanos para que asesinen a su madre Coatlicue por haber quedado sospechosamente embarazada de Huitzilopochtli, quien la acorrala en el mítico Coatépetl y los miembros de la diosa ruedan cercenados hacia abajo. Así, Coatépetl el templo Mayor es un lugar mítico de mantenimientos, donde Huitzilopochtli da maíz a su pueblo, de manera análoga al segador que corta las cañas dando fin a la planta y desprendiendo las mazorcas, como caen a la tierra los miembros cercenados de Coyolxauhqui y los humanos sacrificados en el Templo. Coyolxauhqui decapitada es la diosa que con el sacrificio de su sangre fertiliza la tierra para seguir dando cosechas de maíz a su pueblo, en perenne ciclo de vida-muerte-vida. Así, el inframundo o Mictlan es el lugar natural de donde brota la vida vegetal, y Coyolxauhqui, diosa del maíz será, dentro del pensamiento religioso de los nahuas una diosa de la tierra y también del inframundo. Míticamente, entonces, el lugar de abundancia llamado Coatépetl, así como anuncia la entrada a lo alto también guarda la entrada hacia abajo, el reino interior, el Mictlan que marca el Templo Mayor.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
EL MICTLAN O INFRAMUNDO.
Dentro del pensamiento prehispánico, la tierra está estrechamente asociada a la vida y a la muerte; más aún, no hay vida sin muerte. En México, esta asociación de la fertilidad y muerte es porque en la corteza terrestre brotan las plantas, árboles y flores que nacen del manto que está directamente abajo, y que es precisamente el Mictlan o mundo de los muertos que también se identifica como el lugar de donde brota la vida vegetal. Para que la vida retoñe, el monstruo de la tierra llamado Tlaltecuhtli, al igual que otras deidades terrestres, toman la tarea de engullir a los muertos. Los aztecas conciben el cielo y el inframundo conformado por varios estratos o capas: trece para el cielo y nueve para el inframundo o Mictlan. En sus respectivos extremos se ubican, por una parte la zona suprema del cielo, y del otro lado, la ínfima del inframundo. Los dos estratos que se juntan en medio son: las nubes de lluvia y la corteza terrestre.
Converso con el escritor Juan Rulfo, que ha investigado y redactado gran parte del material histórico de los antiguos mexicanos desde su trabajo en el Instituto nacional Indigenista de ese país. El dice que "para llegar al Mictlan, según la tradición, los muertos debían pasar por los nueve lugares donde acechan diversos peligros. Sahagún cuando se refiere al Mictlan, nombrándolo Chiconamictlan dice que es "casa donde hemos de morar, casa de perpetuas tinieblas y oscuridad, donde no hay ventana ni luz alguna, donde está nuestro padre el dios del infierno y nuestra madre la diosa del infierno". De este párrafo del fraile franciscano podemos comentar algo: cuando refiriéndose a las deidades del inframundo dice que son "nuestro padre y nuestra madre", Sahagún le da significación de creación vital; esto es válido precisamente para los dioses prehispánicos Mictlantecuhtli y Mitlancíhuatl, que no obstante su carácter de dioses del mundo de los muertos, paradójicamente, son dioses de la tierra. De aquí que el mundo de los muertos se signifique a menudo con un solo cráneo, a veces todavía sin descarnar, como el que lleva Coyolxauhqui a la espalda, atado a la cintura con una serpiente de dos cabezas. También la diosa de las aguas, Chalchiuhtlicue (según el Códice Borgia, 11) luce nariguera formada por serpientes de dos cabezas, que sería representación de la fertilidad de la tierra. Otra asociación de Coyolxauhqui al Mictlan surge a través de Cihuacóatl: esta diosa tenía en el templo Mayor un oratorio que Sahagún llama tlillan-calmécac. Es el mismo sitio al que Durán se refiere sencillamente como tlillan, que describe como "una pieza oscurísima, sin tener saetera ni ventana, ni puerta grande sino muy chica, que los sacerdotes que servían a esta diosa no podían entrar allí sino a gatas." Vemos así que el tlillan es la construcción terrenal del mítico Mictlan o Inframundo, porque de acuerdo con el texto de Sahagún, también es el Mictlan "casa de perpetuas tinieblas y oscuridad, donde no hay ventana ni luz alguna."
"Mictlan era el paralelo mexica del infierno de Dante -continúa el maestro Rulfo-. Y corresponde, según otras relaciones, a uno de los cuatro estratos adonde iban a dar los que morían de enfermedad natural; aunque se conserva la idea de que llegar allí no resulta sencillo. Primero había que cruzar, ayudado por un perro, el río Apanoayan; después el muerto debía pasar entre dos montañas que chocan entre sí, una culebra que guarda el camino, el lugar del viento frío de navajas y un cerro lleno de pedernales, para atravesar, acto seguido, ocho picos nevados, hasta que se encontraba con un animal felino que le devoraba el corazón y luego caía en el agua negra en donde estaba la lagartija Xochitonal. Luego de atravesar el río Chiconahuapan estaba Mictlan. Hay una hipótesis del historiador religioso Chavero acerca del señor Mictlantecutli, según la cual el dios del Inframundo era una transformación del dios sol que durante el día se llamaba Tonatiuh, al atardecer Tzontemoc y, durante la noche, cuando iba a alumbrar a los muertos, era Mictlantecutli."
¿Por qué es necesario atravesar nueve pasos para llegar al Mictlan, el inframundo? Quien responde es el maestro Eduardo Matos Moctezuma, que ha dirigido durante décadas el proyecto arqueológico de rescate del Templo Mayor en el centro de Ciudad de México, quien nos dice:
"Voy a aventurar una hipótesis que creo que contiene elementos para sustentarla y es ésta: los nueve pasos que recorre el individuo que fallece de muerte natural, es el retorno o regreso al vientre materno (la tierra) del cual surgió la vida. Recordemos que, en oposición a los niveles celestes que son masculinos (de allí vienen el calor y la lluvia o semen divino), la tierra es una deidad femenina de cuyo interior nacen las plantas. Los mexicas o antiguos aztecas, al igual que otros pueblos, conocían que la menstruación se detenía por nueve ocasiones, señal de que estaba embarazada la mujer, lo que culminaba con el nacimiento del niño, pero antes, surgía una fuente de agua, un manantial del interior (líquido amniótico). El interior de la matriz era un lugar oscuro, sin ventanas, tal como se describe al Mictlan. No es de extrañar que al difunto se le coloque con las piernas encogidas, y se le entierre en lo que los especialistas llaman posición fetal así como se regaba el cuerpo con agua. Es la forma de regreso en la misma posición y ambiente en que se encontraba antes de nacer. Hay evidencias, por otro lado, del que las cuevas, o sea el interior de la tierra, son matrices que pueden parir individuos y pueblos. El hecho prehispánico de colocar algunos restos en ollas también se considera como un retorno a la cueva original, a la matriz."
La concepción de nueve lugares o inframundos y de otros tantos o más cielos antes de llegar al Mictlan, también la vemos en la cultura europea. En "La Divina Comedia" de Dante Alighieri, se narra que el viaje que emprende el poeta acompañado por Virgilio a los infiernos, al Purgatorio y a los cielos, tiene mucho en común con esta concepción prehispánica. Escrito alrededor del año 1.300 de nuestra era, el poema de Dante se inicia con el viaje que inicia junto a su acompañante a los nueve infiernos. Además del número mencionado hay otras relaciones: para llegar a entrar al Infierno es necasrio atravesar un río, el Aqueronte, al igual que en la versión del Códice 3738 hay que pasar por el Apanohuayan, "el pasadero del agua". La presencia del perro también es importante, si bien juegan papeles diferentes. En el caso del tercer infierno el cancerbero atormenta a los espíritus allí depositados, en tanto que entre los nahuas el perro sirve de ayuda para atravesar el río. También vemos como Dante nos habla para los infiernos segundo y tercero de huracanes y lluvia de granizo, en tanto que entre los nahuas tenemos el viento frío de navajas. En cuanto a los cielos, la similitud es significativa. El primer cielo en una y otra versión es la Luna. El segundo para Dante es el planeta Mercurio y para los nahuas el lugar de las estrellas. El tercero será Venus para el primero y el sol para los segundos, en tanto que el cuarto cielo es a la inversa. A partir del quinto cielo serán los planetas los que se transmuten como cielos en Dante, hasta el octavo que son las estrellas y el noveno que contiene a todos los cielos. A partir de allí será el lugar de los dioses hasta llegar al más alto nivel de contemplación divina. Para los nahuas, a partir del noveno será también el lugar de los dioses hasta llegar al treceavo donde está el principio supremo dual. Sin embargo hay una diferencia final y determinante por concepción religiosa: para Dante y el mundo de su época el Infierno es lugar de sufrimiento terrible y eterno, en tanto que el Mictlan se contempla como un sitio que no tiene carácter de eternidad en su estado, al contrario, al fondo de la tierra todo es cambio y la penalidad del alma es transitoria. Por esto la muerte en México es ciertamente dulce, y se la simboliza en esos caramelos con forma de calavera e innumerables confites con que se celebra la vida en Mictlan para el día de muertos.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
Converso con el escritor Juan Rulfo, que ha investigado y redactado gran parte del material histórico de los antiguos mexicanos desde su trabajo en el Instituto nacional Indigenista de ese país. El dice que "para llegar al Mictlan, según la tradición, los muertos debían pasar por los nueve lugares donde acechan diversos peligros. Sahagún cuando se refiere al Mictlan, nombrándolo Chiconamictlan dice que es "casa donde hemos de morar, casa de perpetuas tinieblas y oscuridad, donde no hay ventana ni luz alguna, donde está nuestro padre el dios del infierno y nuestra madre la diosa del infierno". De este párrafo del fraile franciscano podemos comentar algo: cuando refiriéndose a las deidades del inframundo dice que son "nuestro padre y nuestra madre", Sahagún le da significación de creación vital; esto es válido precisamente para los dioses prehispánicos Mictlantecuhtli y Mitlancíhuatl, que no obstante su carácter de dioses del mundo de los muertos, paradójicamente, son dioses de la tierra. De aquí que el mundo de los muertos se signifique a menudo con un solo cráneo, a veces todavía sin descarnar, como el que lleva Coyolxauhqui a la espalda, atado a la cintura con una serpiente de dos cabezas. También la diosa de las aguas, Chalchiuhtlicue (según el Códice Borgia, 11) luce nariguera formada por serpientes de dos cabezas, que sería representación de la fertilidad de la tierra. Otra asociación de Coyolxauhqui al Mictlan surge a través de Cihuacóatl: esta diosa tenía en el templo Mayor un oratorio que Sahagún llama tlillan-calmécac. Es el mismo sitio al que Durán se refiere sencillamente como tlillan, que describe como "una pieza oscurísima, sin tener saetera ni ventana, ni puerta grande sino muy chica, que los sacerdotes que servían a esta diosa no podían entrar allí sino a gatas." Vemos así que el tlillan es la construcción terrenal del mítico Mictlan o Inframundo, porque de acuerdo con el texto de Sahagún, también es el Mictlan "casa de perpetuas tinieblas y oscuridad, donde no hay ventana ni luz alguna."
"Mictlan era el paralelo mexica del infierno de Dante -continúa el maestro Rulfo-. Y corresponde, según otras relaciones, a uno de los cuatro estratos adonde iban a dar los que morían de enfermedad natural; aunque se conserva la idea de que llegar allí no resulta sencillo. Primero había que cruzar, ayudado por un perro, el río Apanoayan; después el muerto debía pasar entre dos montañas que chocan entre sí, una culebra que guarda el camino, el lugar del viento frío de navajas y un cerro lleno de pedernales, para atravesar, acto seguido, ocho picos nevados, hasta que se encontraba con un animal felino que le devoraba el corazón y luego caía en el agua negra en donde estaba la lagartija Xochitonal. Luego de atravesar el río Chiconahuapan estaba Mictlan. Hay una hipótesis del historiador religioso Chavero acerca del señor Mictlantecutli, según la cual el dios del Inframundo era una transformación del dios sol que durante el día se llamaba Tonatiuh, al atardecer Tzontemoc y, durante la noche, cuando iba a alumbrar a los muertos, era Mictlantecutli."
¿Por qué es necesario atravesar nueve pasos para llegar al Mictlan, el inframundo? Quien responde es el maestro Eduardo Matos Moctezuma, que ha dirigido durante décadas el proyecto arqueológico de rescate del Templo Mayor en el centro de Ciudad de México, quien nos dice:
"Voy a aventurar una hipótesis que creo que contiene elementos para sustentarla y es ésta: los nueve pasos que recorre el individuo que fallece de muerte natural, es el retorno o regreso al vientre materno (la tierra) del cual surgió la vida. Recordemos que, en oposición a los niveles celestes que son masculinos (de allí vienen el calor y la lluvia o semen divino), la tierra es una deidad femenina de cuyo interior nacen las plantas. Los mexicas o antiguos aztecas, al igual que otros pueblos, conocían que la menstruación se detenía por nueve ocasiones, señal de que estaba embarazada la mujer, lo que culminaba con el nacimiento del niño, pero antes, surgía una fuente de agua, un manantial del interior (líquido amniótico). El interior de la matriz era un lugar oscuro, sin ventanas, tal como se describe al Mictlan. No es de extrañar que al difunto se le coloque con las piernas encogidas, y se le entierre en lo que los especialistas llaman posición fetal así como se regaba el cuerpo con agua. Es la forma de regreso en la misma posición y ambiente en que se encontraba antes de nacer. Hay evidencias, por otro lado, del que las cuevas, o sea el interior de la tierra, son matrices que pueden parir individuos y pueblos. El hecho prehispánico de colocar algunos restos en ollas también se considera como un retorno a la cueva original, a la matriz."
La concepción de nueve lugares o inframundos y de otros tantos o más cielos antes de llegar al Mictlan, también la vemos en la cultura europea. En "La Divina Comedia" de Dante Alighieri, se narra que el viaje que emprende el poeta acompañado por Virgilio a los infiernos, al Purgatorio y a los cielos, tiene mucho en común con esta concepción prehispánica. Escrito alrededor del año 1.300 de nuestra era, el poema de Dante se inicia con el viaje que inicia junto a su acompañante a los nueve infiernos. Además del número mencionado hay otras relaciones: para llegar a entrar al Infierno es necasrio atravesar un río, el Aqueronte, al igual que en la versión del Códice 3738 hay que pasar por el Apanohuayan, "el pasadero del agua". La presencia del perro también es importante, si bien juegan papeles diferentes. En el caso del tercer infierno el cancerbero atormenta a los espíritus allí depositados, en tanto que entre los nahuas el perro sirve de ayuda para atravesar el río. También vemos como Dante nos habla para los infiernos segundo y tercero de huracanes y lluvia de granizo, en tanto que entre los nahuas tenemos el viento frío de navajas. En cuanto a los cielos, la similitud es significativa. El primer cielo en una y otra versión es la Luna. El segundo para Dante es el planeta Mercurio y para los nahuas el lugar de las estrellas. El tercero será Venus para el primero y el sol para los segundos, en tanto que el cuarto cielo es a la inversa. A partir del quinto cielo serán los planetas los que se transmuten como cielos en Dante, hasta el octavo que son las estrellas y el noveno que contiene a todos los cielos. A partir de allí será el lugar de los dioses hasta llegar al más alto nivel de contemplación divina. Para los nahuas, a partir del noveno será también el lugar de los dioses hasta llegar al treceavo donde está el principio supremo dual. Sin embargo hay una diferencia final y determinante por concepción religiosa: para Dante y el mundo de su época el Infierno es lugar de sufrimiento terrible y eterno, en tanto que el Mictlan se contempla como un sitio que no tiene carácter de eternidad en su estado, al contrario, al fondo de la tierra todo es cambio y la penalidad del alma es transitoria. Por esto la muerte en México es ciertamente dulce, y se la simboliza en esos caramelos con forma de calavera e innumerables confites con que se celebra la vida en Mictlan para el día de muertos.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
UAYALAMUSH, EL ÚLTIMO REFUGIO.
El mito del Diluvio en que las aguas cubrieron casi toda la Tierra es universal. La idea correspondiente entre los habitantes primitivos del Sur de Chile tuvo su origen en un tiempo olvidado, en cierta leyenda que conserva la noticia de que cierta vez la luna se cayó al mar hundiéndose en las aguas y motivando un oleaje inusual de efectos devastadores y de furia incontenible. El fenómeno barrió con lo existente en el suelo habitado y se hundieron los cerros sucumbiendo casi todos los seres vivientes, logrando sobrevivir solamente aquellos que lograron refugiarse a tiempo en Uayalamush, el último refugio en tierra seca, que es identifica hoy con la isla Gable. Allí se salvaron especialmente los animales que se diseminarían hasta pasar a la isla Grande para poblar sus cerros y sus bosques. Cuando la luna reapareció en el horizonte y avanzó por sus dominios perdidos, fueron apareciendo de Uayalamush los aush, onas, alacalufes, yámanas o yaganes y otras comunidades que hasta entonces habían permanecido ocultos en lo más profundo de las cavernas del Último Refugio, donde hoy se pueden ver los dibujos en las grutas en que se muestran las fases lunares que tienen que ver con el proceso de las mareas en la Tierra, conocimiento que los descendientes de esas culturas manejan con facilidad por memoria histórica.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
© Waldemar Verdugo Fuentes.
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