Friday, March 21, 2014

GEOGRAFÍA FANTÁSTICA por Waldemar VerdugoFuentes

-GEOGRAFÍA FANTÁSTICA (Breviario de Otros Mundos en Este Mundo) Inscripción Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Departamento de Derechos Intelectuales N° 191.976, 1 de junio de 2010, Chile. ISBN 9789563533897 Viajar a un lugar fantástico que quizás no es real, puede ser una aventura loca, pero el aventurero, para embarcarse, ha de ser cuerdo. Para el que tiene alma aventurera cada viaje es siempre algo extraordinario, porque un paisaje es un estado del alma: sabe que para ver el paisaje es necesario vivir dentro de uno mismo, hombre adentro capaz de viajar a aquellos lugares en los que nunca alguien estuvo o muy pocos han logrado llegar. Es recomendable no buscar compañía al iniciar el viaje fantástico. Si alguien busca el mismo lugar, seguro lo conocerás en el camino. Un consejo es que para decidir la ruta hacia cualquier lugar fantástico, el camino mejor es el más conforme con nuestra naturaleza. Si no se opone la pereza y la ociosidad, no hay ningún camino que no acabe. Pitágoras indica que el principio es la mitad de todo el camino. Por lo demás, no hay nada tan oculto que, buscándolo, no pueda hallarse. Tú sabes que nada puede contra tu propio destino. (Waldemar Verdugo Fuentes) http://www.amazon.com/dp/B00GENAP3Y

Monday, October 03, 2005

GEOGRAFÍA FANTÁSTICA.

DE ESTE BREVIARIO
DE GEOGRAFÍA MARAVILLOSA DE LA TIERRA


Cuando al escritor argentino Jorge Luis Borges le preguntaban si era válido para él referir asuntos de ciudades que nunca ha visitado, hablar de sitios que no ha visto, él respondía:
"-No solamente es válido, sino que es necesario. Un escritor no está impedido de hablar de lugares en los que nunca estuvo, no puede estar limitado por sitios o zonas geográficas. Yo no solamente pienso que es válido, sino además creo que es una obligación el escribir de lugares en los que jamás nadie antes estuvo."
Esta "Geografía Fantástica", justamente, enumera lugares en lo que nunca alguien ha estado, o muy pocos. Deseo al lector casual que emprende esta ruta: le sea tan entretenido como fue para mi trazar estos caminos posibles a varios lugares de fábula. Buen viaje.
Waldemar Verdugo Fuentes.

 
Registro de Propiedad Intelectual
Inscripción N° 191976
Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos
Chile

Derecha:
El Príncipe Galés Madoc llega a América en 1170.

INDICE

-Pacha Pulai, la Ciudad de los Césares
-Utopía
-Isla de Queen
-Luana
-Aiaia
-Andorra
-Blefuscu
-Isla de las abejas ocupadas
-Islas Flotantes canadienses
-País de las Ruinas Circulares
-Aldea de Daland
-Chaneph, Isla de la Hipocresía
-Isla Infante
-Ubar o Irem
-Kukuanoland
-Ersilia
-El Castillo
-Isla de las Hadas
-La Ciudad sin Sueño
-El Dorado o Manaos
-Octavia
-Ciudad de la Eterna Juventud
-Tupia
-Macondo
-Mare Tenebrosum
-Atlántida
-Paraíso del Edén
-Thule, Hiperbórea
-Shweta, Isla Blanca de los Bienaventurados
-Melusina
-Isla Ericia
-Jardín de las Hespérides
-Tir-Nan-Og, Tierra de Juventud
-Mag Melo, El Llano de la Alegría
-Campo de la Satisfacción
-Hades, Tártaro, el Paraíso de las Profundidades
-Eliseo
-Zend-Avesta
-Shambhala, Agarthi
-Arikha
-Pardes
-Reino de Mide
-Ogygie
-Omfalos
-QAF
-LUZ
-Los Siete Dwipas
-MontSalvat, Monte de Salvación
-Gio-Do
-Valle Indus
-Aryana Vaiji
-Liguria
-Orionda la Grande
-Aztlán
-Isla Mocha
-Isla Vayalamush
-Islas Azules
-Tierra sin Mal del Pueblo Ti-Maca
-La Colonia de Madoc
-Isla Bendita de san Brandón
-Quivira
-Isla de las Amazonas
-Vilcabamba la Grande
-Coatépetl, lugar de abundancia
-El Mictlan o Inframundo
-Uayalamush, el último refugio
-La ciudad del Ave Fénix
Escritos Consultados

Waldemar Verdugo Fuentes
ENLACE

PACHA PULAI, LA CIUDAD DE LOS CÉSARES.

Algunos la ubican al centro de la soledad Patagónica de Chile, otros precisamente en las inmediaciones de Aysén o en la Isla Grande de Chiloé. Se dice que sus habitantes la construyeron a partir de una enorme plataforma de oro, que quedó al descubierto de los naturales de la región después del formidable cataclismo geológico, cuando surgió la tierra hundida de sus valles, los tajos abiertos de los ríos, los inmensos fiordos y los estuarios. En la región misma a Pacha Pulai la ubican entre los lagos Nahuelhuapi, por el norte, y Viedra, por el sur.
El jesuita Nicolo Mascardi fue el primer explorador que nos hizo conocer datos más precisos de la Patagonia al tiempo que proporciona noticias de la flora y fauna: en 1662 fue nombrado rector del Colegio de los Misioneros de la ciudad de Castro, situada en el archipiélago de Chiloé. Allí se topó con un grupo de indígenas Puelches, indios patagónicos capturados, encarcelados y hechos esclavos porque se sospechaba que ayudaban a los Araucanos en las guerras que éstos libraban contra los españoles. Por los Puelches se enteró de la existencia en la Patagonia de una fabulosa ciudad, más rica que ninguna, fundada por los sobrevivientes de ciudades que los españoles habían establecido en Chile y que habían sido destruidas por los Araucanos, más otros sobrevivientes de naves naufragadas en el Estrecho de Magallanes. Mascardi hizo liberar a los indios; decidió reconducirlos él mismo a sus tierras y buscar la mítica Ciudad de los Césares. En 1669, acompañado por los Puelches y por algunos indios Poyas, ya civilizados, dio inicio al primero de sus cuatro viajes patagónicos. Atravesó la cordillera y llegó a las orillas del lago Nahuel-Huapi, hoy en territorio argentino, donde creó una misión y se dedicó a enseñar a los nativos. El mismo año emprendió otro viaje. Atravesó las faldas orientales de la cordillera y parece haber logrado llegar hasta el Estrecho de Magallanes. En 1671 exploró las pampas de Buenos Aires y luego atravesó la cordillera por la parte localizada más al sur de su primer viaje; llegó hasta las costas del océano Pacífico. En 1672, acompañado por numerosos indígenas con sus caciques, logró descubrir el abandonado caserío construido por los marinos ingleses de la exploración de John Marborough, que había desembarcado en 1669 en Puerto deseado -en la actual Patagonia Argentina- y tomado posesión de aquellas tierras en nombre del rey de Inglaterra. Desde allí volvió a su misión en Nahuel-Huapi, atravesando las vastas llanuras patagónicas, donde vivían numerosos grupos de indios salvajes. Antes de iniciar su cuarta expedición, en 1673, Mascardi envió a sus superiores de los jesuitas una “relación” de sus trabajos y una carta de agradecimiento al virrey del Perú, el Conde de Lemos, que le había enviado donaciones para la capilla de su misión. Acompañado por indios Poyas, llegó al paralelo 47° de latitud, pero allí fueron atacados por una turba de salvajes que les dieron muerte.

Los apuntes del jesuita Nicolo Mascardi fueron usados por el padre Diego Rosales, superior de la Orden entonces, y autor de la “Historia del reino de Chile”, para escribir su biografía: “Vida de Mascardi”. En su obra “Mundus Subterraneus” el religioso Atanasio Kircher basa varias páginas en datos que obtuvo Mascardi y que se refieren a la altura de los Andes, los ríos y los lagos, los estrechos, desiertos, volcanes y mareas. Guillaume de L'Isle usó más tarde esta misma información para realizar los “Mapas del Paraguay, de Chile y del Estrecho de Magallanes”, publicados en 1708.
Se dice que algunos aventureros que han llegado hasta los muros de Pacha Pulai, han perdido sus facultades mentales y luego perecido vagando sin descanso por los inhóspitos parajes cordilleranos. Nicolo Mascardi entregó su vida en la búsqueda. Sin embargo, otros han tenido la suerte de traspasar sus muros, y salir sanos, de otra manera nada se sabría de esta ciudad fabulosa. Por las referencias, se sabe que la Ciudad de los Césares es maravillosa y de una suntuosidad y riqueza indescriptibles. Todo en ello es oro y metales y piedras invaluables, desde las murallas que la custodian circundándola hasta el pavimento de sus calles; siendo lo más gracioso y sobrecogedor su catedral de cuatro torres, cuyas cúpulas preciosas irradian reflejos tan potentes de luz que aclaran toda la ciudadela. Esta iglesia posee una campana gigantesca; son tales sus dimensiones que si llegara a repicar se escucharía en el mundo entero y sus vibraciones reducirían a polvo las cordilleras más altas de la tierra. Por esta razón permanece silenciosa y así continuará hasta el día del juicio final. Sólo ese día tocará a vuelo para que acudan al lugar todos los mortales a conocer la Ciudad de los Césares, que está ubicada sobre una suave colina (que así semeja la plataforma de oro) en cuyas faldas se encuentra un lago de aguas azules y tranquilas. Sus habitantes son hombres y mujeres comunes y corrientes que viven felices porque nada les hace falta, todo es abundancia allí a pesar de que nadie trabaja. Ellos no saben de enfermedades, nadie nace ni muere, por lo que sus pobladores son los mismos que construyeron Pacha Pulai, que nunca envejece al igual que sus habitantes.
El conocimiento del sitio, al parecer tiene su origen histórico en un hecho protagonizado por el capitán Francisco César en 1528. En aquella época, el capitán Sebastián Cabot, marino veneciano al servicio de España, poco antes de partir a las minas del río Paraguay, autorizó al capitán César para que en compañía de catorce soldados fuera a descubrir las minas de oro y plata que al parecer existían tierra adentro. César partió en noviembre de 1528 desde el fuerte Sancti Spiritus, que fuera construido por Cabot a orillas del río Carcaraña. Para cumplir mejor su cometido, dividió su gente en tres grupos que partieron por puntos distintos. Dos meses después, en febrero de 1529, regresó César con siete de sus compañeros cargados de oro y plata, y hablando maravillas acerca de las fabulosas riquezas que existían en un lugar que habían visitado. De lo que ellos contaron sólo se sabe que trajeron oro. Conociendo esta maravilla se explica el sinnúmero de expediciones organizadas desde entonces para alcanzarla.
En Aysén, especialmente, la búsqueda de la Ciudad de los Césares está bien documentada. Existen muchos diarios y memorias de viaje que nos hablan de aquél sitio fabuloso, desde que por primera vez, allá en 1558, fuera visitada la región por la expedición de Juan Ladrillero: el navegante encontró en los indios Chonos los mejores prácticos que se necesitaban para navegar esos canales. Y fueron los indios Chonos los que aconsejaron al sargento español Bartolomé Díaz Gallardo en 1674 a cruzar el Istmo de Ofqui, llevando a la rastra sus canoas y lanchones. Vencido el Istmo de Ofqui, tenían la ruta abierta hacia el sur y entonces surgió la idea de un canal que uniera el Golfo de los elefantes con la laguna San Rafael y el Golfo San Esteban. Se navegaría así por canales abrigados sin tener que desafiar la furia de las aguas en el Golfo de Penas. Entonces, no encontraron la ciudad maravillosa, pero abrieron nuevas rutas. Un monje noventa años más tarde volvería a repetir la hazaña: el fraile José García con tres piraguas cruzó el Istmo buscando almas para salvarlas para Dios. En 1786, un progresista gobernador de Chiloé confió una expedición a José de Sotomayor y a Francisco de Machado como piloto, para que siguiesen la ruta que actualmente siguen las naves que van y vienen de Punta Arenas; la orden era que ubicasen a supuestos invasores ingleses que habíanse instalado en las tierras del rey de España, pero a estos exploradores les causó terror la idea de costear la Península de Taitao y cruzaron el Istmo de Ofqui a pie, orillando. Sólo en 1792 se organizó la primera expedición científica a la zona, la del piloto Moraleda, que abrió el sendero a exploradores ilustres como Fitz Roy y Charles Darwin, que se mezclaron en la región con los aventureros de tomo y lomo, que francamente andaban en búsqueda de la Ciudad de los Césares, toda de oro. Uno singular fue Juan García Tao, que con tres lanchones y unos cuantos remeros partió hacia el Archipiélago de los Chonos, perdiéndose largo tiempo en la región. Comían lobos marinos y se guarecían de los temporales y la nieve en ellos mismos. Cuando pudo llegar de vuelta, sin que muriera uno solo de sus hombres, Juan García Tao aseguró que existía la Ciudad de los Césares, pero que él no había podido llegar.
Entre otros pioneros exploradores que fueron por Pacha Pulai, también se recuerda a Fray Norberto Fernández y el Mocho Felipe Sánchez, que dejaron atrás la costa remontando un río feroz: el Palena. Fueron derrotados por el hambre y regresaron al norte asegurando que habían estado por unos valles paradisíacos, repletos de oro, pero casi nada de alimento. En 1870 la Armada de Chile envía al capitán Enrique Simpson en la corbeta Chacabuco; en Melinka embarcan a un cazador de lobos, experto en la navegación en la zona, y recorrió todos los canales encontrándose tanto en las Guaitecas como en las islas de los Chonos una actividad increíble. Dice en su Diario que “más de cinco hacheros y sus gentes talaban los bosques sacando durmientes para los ferrocarriles de Chile, Perú y Argentina. Más de doscientas embarcaciones recorrían esos canales transportando los durmientes.” Simpson declara haber visto inmensas focas, que también eran masacradas por las hachas: “Pudimos comprobar cómo aquellos territorios que parecían un paraíso se convertían en un infierno. En una de las incursiones por los ríos descubrimos a dos infortunados hambrientos, semidesnudos: eran dos hacheros que habían huido de un campamento. No es que buscaran la Ciudad de los Césares, los pobres buscaban su liberación. Los campamentos de explotación de bosques son verdaderas colonias penales, y los infortunados se habían enganchado en ese sistema brutal: cada empresario maderero tiene unas tiendas de “rayas”, donde los hacheros reciben créditos al empezar la temporada; después tienen que trabajar y sufrir lo indecible para pagar lo adeudado. A los rebeldes se les envía a la intemperie, que aquí es como la muerte. Aspiran a enriquecerse rápidamente; talan los bosques con la misma furia implacable como exterminan focas y lobos marinos. Encontramos, además, algunos ejemplares de ciervos. Pero lo más sorprendente fue encontrar restos en los bosques de Aysén, de una población de blancos que, por alguna razón, huyeron de la civilización para encerrarse en estas soledades donde viven como nómadas. Si se les pregunta que qué están haciendo en el lugar, responden que esperando encontrar la Ciudad de los Césares.”
Para el viajero a Pacha Pulai cualquier época es buena. Debe saber que todo el sur de Chile son cerros y alturas de la Cordillera de la Costa, sumergidos en el mar por un fabuloso cataclismo. Desde el cerro San Valentín, en la laguna San Rafael, baja un ventisquero de más de cuatro mil metros de altura: en los días de sol es un río de oro que cubre y refleja las extrañas construcciones naturales de rocas, que parecen una ciclópea ciudadela tan deslumbrante que obliga a alejar la mirada.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

UTOPÍA.

El escritor Oscar Wilde solía decir: “El mapa del mundo estará incompleto si en él no incluimos al país de la Utopía”. Es un país ubicado en algún punto de la Tierra, siendo por excelencia la ocupación de sus gentes el satirizar a la sociedad de la época. Es, a la vez, una comunidad social ideal, inspirada en la razón natural:
“Los embajadores, después de permanecer allí un par de días, vieron menospreciado todo su oro y que los utópicos consideraban tan vil como para ellos codiciable... Extráñanse los de Anemolios, en efecto, de que alguien, pudiendo contemplar una estrella o el propio Sol, se complazca con el vano fulgor de una gema o piedrecilla...” (Tomás Moro, en “Utopía”, Londres, 1521).
El creador de Utopía, por lo demás, se opuso a la sociedad de su país y murió decapitado.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

ISLA DE QUEEN.

Está cerca del Polo Norte, latitud 89°59’ 15’’, y fue descubierta por primera vez por el capitán John Hatteras, comandante del “Forward” de Liverpool, Inglaterra, quien llegó a la isla el 11 de julio de 1861, con cuatro compañeros. La isla de Queen está cubierta de residuos volcánicos, carece de toda vegetación y está dominada por un volcán en actividad del cual se dice es el sitio exacto del Polo Norte. Con su perro Duk, el capitán Hatteras conquistó la cima del volcán el 12 de julio de 1861, donde enarboló una bandera inglesa y al mismo tiempo perdió su cordura. Llevado nuevamente a Liverpool, fue internado en el Asilo Sten-Cottage. Los doctores observaron que había perdido el habla, y que únicamente podía caminar en dirección al Polo Norte.
Los visitantes a Queen notarán que el volcán ha sido llamado Monte Hatteras, y que hay una placa donde se lee: “John Hatteras-1861”.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

LUANA.

Conjunto de Islas en el Az Lural del continente subterráneo de Pellucidar, al noroeste del archipiélago de Anoroc. Están las islas densamente pobladas y son muy hermosas, aunque hasta el momento nadie ha aportado una descripción detallada de las mismas. Las gentes de Luana, como las de Anoroc, son Mezrops de piel broncínea, hábiles navegantes y pescadores. Si bien durante muchos siglos ambos grupos de islas eran rivales, y a menudo estaban en guerra unos contra otros, la rivalidad de hoy en día se refiere únicamente a la calidad de los buques que construyen.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

AIAIA.

Una isla en el extremo oriental del Mediterráneo, aunque algunos creen que se encuentra en el Mar Negro. Está prácticamente deshabitada excepto por Circe la hechicera y sus siervos, quienes viven en una casa de piedra pulida, rodeada de espesos arbustos y árboles en el corazón de un amplio valle.
Circe es peligrosísima pero de buen corazón, sin embargo se advierte a los viajeros que la visita a Ea (el otro nombre que se da a la isla) puede cambiar la perspectiva de vida de cualquiera, porque Circe tiene por costumbre transformar a sus invitados en lobos, leones y cerdos.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

ANDORRA.

Una pequeña república en el sur de Europa, que no debe confundirse con el país de los Pirineos del mismo nombre. Andorra es una tierra de angostos valles y campos pedregosos en pendientes pronunciadas. Los cultivos tradicionales son las aceitunas y el centeno; el terreno seco no permite el trabajo mecanizado y el grano todavía se cosecha a la manera antigua, cortándolo a mano con una segadora. Andorra no es un país especialmente pintoresco, a pesar de las casas pintadas de blanco que rodean la plaza principal de la capital. Los andorranos sienten orgullo por el cristianismo tradicional de la región, y gustan de considerarse gentes piadosas. La religión está aliada muy cerca con la política; cuando la imagen de la virgen se pasea en procesión por las calles, va acompañada de soldados vestidos de verde-oliva, que marchan con bayonetas caladas. El día de San Jorge las vírgenes de Andorra están a cargo de la tarea tradicional de dar una mano de pintura blanca a toda la capital. Si bien por lo general es un país tranquilo, Andorra siempre estuvo marcada por una cierta xenofobia. Vale la pena dejar constancia que los andorranos son conocidos por haber expresado, en diversas oportunidades, fuertes sentimientos anti judíos, que ellos aplican con toda imparcialidad a judíos y no judíos por igual.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

BLEFUSCU.

Isla pequeña de la región de Lilliput, separada de la capital del país de los enanos por un canal de solamente ochocientas yardas de ancho. En tamaño y costumbres las gentes de Blefuscu son similares a los de Lilliput quienes, para casi todos los viajeros, resultan excesivamente pequeños. Blefuscu es el refugio tradicional de los bigendianos del imperio vecino, quienes no pudieron aceptar la doctrina liliputiense de abrir los huevos por el extremo chiquito.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

ISLAS DE LAS ABEJAS OCUPADAS.

En el Mar Tirreno, así nombradas debido a que las calles de su ciudad bullen de actividad humana, con gentes corriendo de acá para allá ocupadas en el trabajo. Todos tienen su quehacer, nadie pierde un minuto. En ninguna parte de las islas se puede ver vagabundos o perezosos; los mendigos pierden entusiasmo al ofrecérseles un trabajo, y nadie regala nada, por lo que es muy difícil obtener una comida gratis. Sin embargo, los peces en las orillas del mar que toca las islas son notablemente gentiles y brindarán al visitante toda la información requerida.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

ISLAS FLOTANTES CANADIENSES.

Ubicadas en Lago Superior son gobernadas por un dios muy molesto al cual los indígenas rinden tributo arrojando a las aguas tabaco y adornos. Las islas están repletas de hermosos árboles y flores, cristales brillantes y pájaros melodiosos. Sin embargo, si el viajero encantado intenta acercárseles, el dios celoso que guarda estas tierras para su propio regocijo arrojará una niebla sobre ellas, para esconderlas de lo ojos de los curiosos. No importa cuánto tiempo el viajero pueda invertir buscándolas: jamás nadie pondrá su planta en las islas Flotantes.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

EL PAÍS DE LAS RUINAS CIRCULARES.

De ubicación incierta, posiblemente está en la desembocadura de algún río por el extremo sur del Mar Caspio, donde la lengua zend no está contaminada con el griego. En la isla hay una pequeña colina, y zarzas y cañas de mambú crecen a todo lo largo de la costa cenagosa. El rasgo principal de la región está constituido por las carbonizadas ruinas circulares de un templo primitivo, coronado por un tigre o caballo de piedra. Aquí se puede soñar a un hombre y hacerlo vivir, y la única prueba de su irrealidad es que el fuego no puede hacerle daño. El soñar un hombre completo lleva más de un año; soñar sus innumerables pelos, es quizás la parte más difícil de la tarea. Los hombres soñados actúan como sacerdotes del dios del fuego en otros templos rotos, cuyas pirámides sobreviven a las corrientes en contra; otros viven entre los hombres normales, que no se dan cuenta de su existencia, y todo viajero que desee comprobar su propia realidad puede hacerlo pasando la prueba del fuego, de práctica común en las ruinas circulares.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

ALDEA DE DALAND.

Famosa en Noruega por ser el único puerto conocido donde llegó el buque fantasma del Holandés Volador y el Judío Errante. Después de haber intentado doblar el Cabo de Buena Esperanza en una furiosa tormenta de viento, el holandés, capitán del barco, juró cumplir su propósito aunque tuviera que navegar para siempre. Por ello fue condenado a navegar hasta el día del Juicio Final, y solamente se le permitía detenerse una vez cada siete años, para que tuviera la oportunidad de encontrar una mujer que lo amara y le fuera fiel hasta la muerte. La dama fue una tal Senta, hija de un capitán de barco noruego, quien le demostró su devoción arrojándose al mar.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

CHANEPH.

Chaneph o la Isla de la Hipocresía, está habitada por toda clase de hipócritas, hombres y mujeres, viejos y jóvenes. Los ciudadanos son, sin excepción, unos infelices murmuradores, aunque se dice que es posible llegar a tener algo de diversión con las mujeres hipócritas de la isla, quienes, por lo mismo, son ingenuas. Las gentes de Chaneph en su fanatismo son pobres y viven de las limosnas que les dan los viajeros de paso. Pero, como la ubicación de la isla no se conoce, éstos son pocos y muy espaciados.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

ISLA INFANTE.

Es minúscula y está ubicada en el océano Atlántico al oeste de Inglaterra. En verdad es sólo una roca muy alta y escarpada sobre la cual se yergue un castillo imponente. Lo habita un caballero quien observa todas las reglas del honor, la caballerosidad y la hospitalidad. Parece que fue visitado por última vez hacia fines del siglo XV, cuando la isla era parte del Reino de Irlanda.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

UBAR o IREM.

Es la ciudad más rica posible. Dice en el Corán que el rey Sheddad decidió un día construir un lugar que pudiera competir -y ganar- con el sueño del Paraíso. Llamó a sus fieles súbditos y les ordenó que encontraran la región más agradable y deshabitada de la Tierra. Las obras duraron más de trescientos años, incluyendo inexpugnables fortificaciones. A la ciudad se accedía por dos grandes puertas, secretamente forjadas. Las habitaciones de los palacios estaban recubiertas de oro y plata, con incrustaciones de piedras preciosas. Los preparativos para la mudanza duraron veinte años. Lentamente, la caravana se fue acercando a Uban... sólo a un día de marcha, casi a la vista de las puertas de la ciudad, un grito procedente de los cielos destruyó a la comunidad del rey Sheddad en su totalidad, quedando Ubar deshabitada para siempre. Plotomeo también describe esta ciudad que con el tiempo se ha esperado encontrarla. Antes de su inesperada muerte, el mismo Lawrence de Arabia (Thomas Edward) planeaba una expedición al desierto árabe para descubrir la ciudad perdida. A partir de 1981 un grupo de entusiastas la ha buscado sistemáticamente, a partir del cineasta californiano Nicholas Clapp, a quien se han ido uniendo un arqueólogo, Georges Hedges, un aristócrata británico, Sir Ranulph Fiennes, y el investigador Alan Jutzi, de la Biblioteca Huntington, especialista en arquitectura árabe. Por su parte, Fiennes, amigo personal del sultán de Omán, contribuyó con el imprescindible apoyo logístico y financiero de los omaníes, mientras Hedges -por una inspiración sorpresiva- al enterarse que la NASA estaba tomando imágenes desde el espacio para localizar yacimientos arqueológicos en Egipto, logró copias de las fotos que enviaba el satélite espacial Challenger y los estudió junto al profesor de la NASA Charles Elachí. En 1992, un sistema ultra sofisticado que estaban usando incluyendo radares computarizados, les hizo concluir que, finalmente, sabían el sitio exacto en que yacía la “Atlántida del desierto”, como se ha dado en llamar a Ubar. Sin embargo, en tres años de excavaciones sólo han emergido ruinas de lo que parece, efectivamente, un asentamiento importante, pero muy alejado del supuesto esplendor de la ciudad que provocó tanto la ira divina.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

KUKUANALAND.

Es una vasta meseta africana, al centro del sur del continente negro, rodeada por las montañas Suliman, que forman a su alrededor una barrera infranqueable. Aquí brotan las dos montañas conocidas como los Senos de Saba, de unos quinientos metros de altura. Los habitantes son de origen zulú, pero hablan una antigua lengua zulú que parece corresponder aproximadamente al inglés de Chaucer comparado con el actual. Se dice que originalmente fueron los mineros llevados por el rey Salomón para desenterrar sus tesoros.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

ERSILIA.

Es una ciudad de ubicación cambiante en la cual, con el objeto de dejar marcadas las relaciones que son la base de la vida de la ciudad, los habitantes extienden cuerdas en las esquinas de las casas, blancas o negras o grises o negras y blancas, según sea que quieran marcar una relación de sangre, comercio, autoridad o agencia. Cuando las cuerdas son tan numerosas que ya uno no puede pasar en medio de ellas, los habitantes se van; las casas se desmantelan; únicamente las cuerdas y sus soportes permanecen allí. Entonces, los habitantes reconstruyen Ersilia en otro lado, tejiendo un patrón similar de cuerdas cada vez con más complicaciones de acuerdo al orden de las cosas y sus relaciones, pero al mismo tiempo más regular que el anterior. Cuando ya no hay espacio, entonces nuevamente lo abandonan y se llevan a sí mismos y a sus casas a un sitio aún más lejano. De esta forma, al viajar por el territorio de Ersilia, el visitante se enfrentará con las ruinas de las ciudades abandonadas sin sus paredes, que no duran; no hay huesos de muertos, puesto que el viento los arrastra rodando, solamente telas de araña de intrincado tejido que busca una forma final.
© Waldemar Verdugo Fuentes.

EL CASTILLO.

Es una ciudadela sin nombre construida a manera de fortaleza perteneciente al Conde de Westwest, ubicada en alguna parte de Bohemia. Consiste en un vasto conglomerado de edificios de dos pisos y algunas viviendas bajas ubicadas una al lado de la otra. Los visitantes que no han sido advertidos de que el edificio es en verdad un castillo, llegarán a creer que se trata de una ciudad pequeña. El Castillo tiene una sola torre, redonda y casi sin ninguna característica en especial, en parte misericordiosamente cubierta de hiedra y traspasada por algunas ventanas. El almenado de la torre parece incierto, irregular, apuntando al cielo como el dibujo balbuceante de un niño negligente o tímido. El Castillo domina por sobre un pueblo opresivo situado en la rivera de un río; nadie puede residir y ni siquiera pasar la noche en el pueblo sin permiso del Conde. Los habitantes tienen características físicas extrañas; sus cráneos parecen haber sido achatados a golpes y sus rasgos parecen retrasar la agonía de tales golpes. El invierno dura mucho en esta área y el pueblo usualmente está cubierto de nieve, algunas veces hasta en verano. Los visitantes son advertidos de que el acceso al Castillo es difícil cuando no imposible. Aunque hayan sido invitados por el Conde mismo, puede ser que se los haga esperar durante días sin cruzar el umbral, mirando cómo el contorno del Castillo cambia de forma de la bruma a luz.
© Waldemar Verdugo Fuentes.